Un regalo apropiado a cada persona

Cuando llega la navidad, los cumpleaños, los santos, los aniversarios, el día del padre o de la madre, una graduación o cualquier acto especial, tenemos por costumbre hacer un regalo. Y es que a todo el mundo le gusta hacer ese regalo especial, pero también recibir un regalo que nos deje con la boca abierta y que no podamos olvidarlo jamás.

Es aquí donde se nos plantea un gran problema. Cada vez nos cuesta más trabajo encontrar el regalo perfecto para esa persona especial en una fecha señalada. Pero esto tiene solución. Siempre hay un regalo perfecto destinado a cada persona e ideal en cada uno de los momentos.

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Marcianadas

Fecha estelar de 27.418. Diario de abordo. Escribe el capitán Valentín. El día terrestre ha coincidido con el llamado “Catorce de febrero”. Como cada año terrestre por esta fecha, han sido 24 horas muy duras.

Me he pasado el día desgastando las fuerzas humanas con el armamento del que dispongo: las flechas con punta de corazón. No explotan ni matan, pero, con todo, son efectivas. Si la idea era reducir a la humanidad a una masa sin capacidad de pensamiento y dedicada a gastarse todos sus recursos en complacerse mutuamente por un solo día, el plan funciona.

En la jornada, un alto porcentaje de los alcanzados por las flechas se han gastado casi todos sus recursos en regalos y comida suficientes como para cubrir sus necesidades durante dos meses terrestres.

Dos especímenes al azar

Escojo, de entre muchos ejemplos, a dos especímenes alcanzados hace un par de décadas humanas. Habiendo observado su vida cotidiana, he deducido que, mientras se encuentran juntos, ella se dedica a proporcionarle líquidos y alimentos mientras él, durante buena parte del día, contempla, a través de una pantalla, cómo corren 22 humanos tratando de introducir un objeto esférico entre tres listones de madera.

Yo tampoco lo entiendo. Nota para mí: estudiar si ese deporte forma parte de otro programa experimental. Sospecho de los habitantes Pinh Ponh, en la galaxia Fifh Pine.

El caso es que en las horas previas al cese de la actividad comercial del día anterior, el macho, en secreto, decidía reservar un lugar en un comedero de lujo. Asimismo, se acercaba a un dispensador de oro, plata y minerales brillantes adquiría un circunferencia de oro con un mineral no identificado engastado en un punto de su exterior.

El día D (14 D febrero)

Hoy se acercaban ambos individuos al comedero, lugar en el que se alimentaban de la comida que habitualmente ingieren, pero servidos por otro humano cuya ropa lo asemeja a un pingüino de gran tamaño. El pingüino es un ave que no vuela de colores blanco y negro.

Estudiadas las posesiones de papel-moneda que se guardan en la guarida de ladrones llamada “banco”, vemos que anteayer el sujeto poseía novecientas monedas, de las que se han restado trescientas por el trozo de oro, doscientas por la ingesta de comida y otras doscientas por dormir un edificio llamado “hotel”, apenas a mil cien pasos de su hábitat natural. Restan doscientas unidades de papel moneda.

Si la costumbre no cambia, cuando se encuentre de nuevo en hábitat, el macho seguirá mirando la pantalla y la hembra alimentándolo. Eso sí: con sólo doscientas unidades monetarias en su cueva de ladrones y teniendo en cuenta que han de entregar trescientas para gastos fijos. Es un misterio cómo lo consiguen: tal vez no sean tan tontos. Aunque gilipollas, sí que lo son. Un rato largo.

– Cariño…

– Cariño…

– ¿Mmmm?

– Está a punto de llegar San Valentín.

– Ya…

– ¿Cómo que “ya”? Algo habrás preparado, ¿no?

– Pues…

– Pues como todos los años, claro, un CD de música aburrida, a la que llamas romántica, una cena en el chino y adiós muy buenas.

– Bfff…

– No: no bufes, que sabes que es así.

– Déjame ver el partido, anda.

– (…)

Días después, el 15 de febrero

– Cariño…

– ¿Mmmm?

– Muchas gracias.

– ¿Por qué?

– Anoche fue muy especial: no me lo esperaba.

– Es que era el día de los enamorados, y este año tocaba cambiar un poco. Ya ves que yo callo, pero actúo.

– Sí, pero es que no me lo esperaba: mira que pedir el día libre en el trabajo, traerme el desayuno con unas rosas a la cama… Eso ya fue maravilloso. Luego, lo de llevarme al aeropuerto y de compras por París, fue la monda.

Big Heart of Art - 1000 Visual Mashups

– Bueno, algo tenía que ocurrírseme.

– Ya, claro, como, en lugar de regresar volver a casa, tomar otro avión e irnos al hotel más romántico de Madrid… Te habrá costado un dineral.

– No hables de dinero: quería darte un regalo.

– ¿Un regalo? Fue mucho más que eso: como la pulsera que me diste a los postres, en la cena del restaurante. Aún no me lo creo.

-De alguna forma tenía que decirte que te quiero.

– Y, bueno, después de la cena… ¿Cómo conseguiste que la orquesta tocara “Strangers in the night”… Nuestra canción. Si es que no te faltó un detalle. Hasta habías tomado clases de baile para no pisarme en la fiesta de después. Por no hablar de otro tipo de bailes…

Unos meses más tarde, un sábado cualquiera

– Cariño…

– ¿Mmmm?

– ¿Salimos a cenar esta noche?

– ¿Por qué?

– Bueno, hace meses que no salimos, y había pensado que aún no he podido lucir la pulsera que me regalaste en San Valentín.

– Bfff…

– Ya estamos. Cuando no quieres contestar, bufas.

– Y cuando yo bufo, tú protestas. Es lo bueno de llevar diez años casados: que ya sabemos qué dice y qué quiere decir el otro.

– El día menos pensado…

– ¿Qué? El día menos pensado, ¿qué?

– (…)

Años después, a finales de enero

– Cariño…

– ¿Mmmm?

– Está a punto de llegar San Valentín.

– Ya…

En San Valentín, toca regalar algo romántico

El concepto del romanticismo es muy distinto en hombres y en mujeres. A algunos hombres,  el romanticismo les puede parecer una tontería, una cursilada y una memez. Pero a muchas chicas, sin embargo, puede que un pequeño detalle les ilumine el rostro y les haga sentir que están en una nube.

Si eres chico y no tienes la suerte de tener esa sensibilidad, pero quieres que tu chica se sienta la más afortunada del mundo, aquí te dejo algunas ideas que te pueden venir bien. Puedes adaptar estas ideas a sus gustos, a sus colores favoritos o a su sensibilidad.

Una cena con velitas pero… con más detalles

Lo típico sería organizar una cena con velitas en casa con una botella de champán para brindar. Y podemos aprovechar esta idea como base, pero añadiéndole algunos detalles. Si no tienes costumbre de cocinar para ella, eso puede ser un punto a tu favor. Elige una receta sencilla si no tienes mucha maña, seguro que agradecerá que hayas hecho el esfuerzo de meterte en la cocina.

También podemos añadir otros detalles como flores en un jarrón o una tarjeta con un mensajito especial al lado del plato. Intenta buscar un ambiente tranquilo e intimista donde los dos podáis sentiros como en una burbuja donde nadie puede entrar. Tendrás que cuidar este detalle porque este va a ser uno de los puntos fuertes de la sorpresa.

Vuestra historia contada en un cuento

Otra de las opciones es algo más especial, pero requiere imaginación y alguna dote literaria. Se dice que cuando una persona siente amor por otra, las palabras suelen salir solas. Déjate llevar, y escribe una historia, vuestra historia. Puedes cambiar a los personajes, por ejemplo ella puede ser una flor, y escribe un cuento de cómo os conocisteis, situaciones que habéis vivido, momentos especiales que habéis compartido…

Una vez hayas escrito tu historia, primero a modo de prueba en sucio, puedes trasladarla a un bonito librito, imprimirlo en hojas de colores o con fondos especiales para que su presentación sea igual de bonita que lo que lleva escrito.

Como podéis ver, los regalos no tienen por qué ser materiales, algo hecho por uno mismo, a veces tiene mucho más valor para la otra persona que algo comprado. Lo perfecto es que si elegís la opción de contar vuestra historia de amor, se refleje en ella todo vuestro cariño y amor, aunque la literatura y las florituras no sean precisamente vuestro fuerte.

Te quiero a morir

Del amor al odio hay un paso, y a veces, menos. Lo sé por experiencia ajena, pero lo sé. No hace demasiado, mi amigo Fran me lo explicaba muy gráficamente.

– Cuando tenía siete años, no me gustaba ninguna niña; cuando tenía dieciséis, me gustaban todos; a los veinticinco me gustaba sólo la mía, y ahora, con cuarenta, me gustan todas menos la mía.

Independientemente de lo cretino que a veces me parezca Fran, he observado que no es un caso único en los hombres. Y que, por desgracia, no es siquiera un extremo. Es más: no hace falta siquiera ser pareja de quien te disgusta… ni del sexo opuesto para llegar a ciertos puntos en el “odiómetro”.

El tipo que me hizo odiar a San Valentín

Traducido el complicado párrafo anterior al lenguaje humano: odio a mi cuñado casi tanto como a ese angelito cabrón que va por ahí repartiendo flechazos a diestro y siniestro y nadie detiene por asesino en serie. Angustioso Manfredo me cae tan mal como San Valentín.

O tal vez San Valentín me caiga tan mal porque ensartó, como si de un espeto se tratara, a mi hermana y a mi cuñado con la misma flecha. No lo sé. El caso es que mi hermanita, a la que quiero con locura, ha de hacerle un regalo de San Valentín a… eso. Pues mira: ahí van unas cuantas sugerencias, y quien tenga oídos para oír, que oiga.

Unos peluches con mensaje ambiguo

Si yo estuviera en el pellejo de mi hermanita, le regalaría a mi pareja un microbio. No: no es que la sarcasmina se me haya subido al cerebro: se trata de una colección de peluches que representan bacterias de diferentes enfermedades: gangrena, malaria salmonella, herpes… Una preciosa gama de simpatiquísimos peluches que no sabemos si están diciendo “te quiero” o “haz testamento y muérete de una vez”. Son unos seis dólares.

Claro que, para un elemento como mi cuñado, que siempre presume de machote y de duro (y luego llora al primer pescozón cariñoso con una llave inglesa), lo ideal es un llavero de plástico que me he encontrado navegando por ahí: se lo coloca sobre los labios, presiona un botoncito que incorpora el gadget y resulta que el cacharrito suelta un “well, hello there!” Es una descomunal estupidez, pero no olvidemos que se trata de mi cuñado.

Es posible que, antes del 14 de febrero, vuelva sobre el tema de qué regalarle a un hombrecillo que me ha hecho odiar a San Valentín, pero, por ahora, lo dejamos aquí… con la promesa de buscar, más adelante unas tarjetas de amor adecuadas para tamaño… Cuñado.

Luciendo a la respectiva

He estado echándole un vistazo a los artículos sobre regalos de San Valentín que he escrito últimamente y me he dado cuenta de una cosa: las tres cosas que más me gustan son las que me han convertido en un cínico: el vino, las mujeres y la vida han hecho de mí lo que no quería ser. Bueno: mi cuñado también me ha echado una manita.

Creo, de hecho, que mi “sanvalentinofobia” data de uno de los primeros catorces de febrero que ese mastuerzo compartió –es un decir- con mi hermana. Le regaló un anillo que no se podía permitir. Hasta ahora, todo bien. Pero lo que me hizo desearle el infierno de los idiotas fueron sus palabras.

-Verás qué guapa vas a ir y cómo te va a envidiar todo el mundo –dijo el muy lameluzo, una frase lapidaria que luego redondearía con un- a ver qué novio te ha comprado nunca un anillo así de caro.

Hay matices

A ver, pestruzo: ¿le comprabas el anillo para decirle que la querías o para que todos vieras cuánto la querías? Hay matices, aunque tu cerebro, prueba de que no todos los seres humanos han evolucionado más allá de obtener un pulgar oponible, puede no apreciarlos.

No soporto a los que tienen pareja para lucirla, para decir “mi novia es la más guapa y además le compro los regalos más caros porque he triunfado en la vida y porque yo lo valgo y no me apetece gastarme el dinero en champú”.

Capullos por florecer

Creo que acabo de retratar a mi cuñado en el párrafo anterior. Es de esos capullos por florecer que el día de San Valentín por la mañana le mandan rosas a su respectiva; por la tarde se tiran a ver el partido en el sofá con una cerveza y un bol de panchitos que su mujer, devota, rellena cada cuarto de hora y por la noche la llevan a restaurante (una vez al año no hace daño) que no pueden permitirse y le regalan una joya que van a tener que pagar a plazos. Entre la bipolaridad y la cretinez, vamos.

Me estoy apercibiendo de que, del triunvirato que me ha vuelto un cínico se van a caer las mujeres y voy a incorporar la manera de querer de algunos, que aman y cuidan a su pareja según sea San Valentín o San Güich de la Buena Mesa. El amor es cosa de 365 días al año, 366 si es bisiesto.

Sólo debe dejar de adorarse a la pareja los 32 de febrero, de modo que San Valentín no sea sino un hito, sino un día como otro cualquiera en el que la pareja celebre un recordatorio de su amor, pero no que por ser ese día se quiera más.

No soy un romántico

El último que me dijo “eres un romántico” acabó comiéndose la cena de San Valentín en puré y con pajita. No es que me moleste –demasiado- que me digan que soy romántico, por más que no me considere como tal: es que me cabrea que me confundan con los “Sanvalentineros”.

Me explico: El catorce de febrero es muy fácil ver  un tipo (lo de hombre es un título que determinados personajes no merecen) que mira a su pareja arrobado, arreblado y embobado. Le falta una jofaina para recogerse la babilla que se le cae.

 Cupido

Este mismo tipillo se deja doscientos euros en una cena en el restaurante más caro de la ciudad y otros tantos o más en un anillo de oro para decirle a su chica o chico -que no me voy a meter en las tendencias de cada cual- cuánto la quiere.

Qué bonito. Nada en contra.

364 no-San Valentines

Pero el día quince, se levanta, rascándose allí donde considera que le pica y exigiendo su café, que tiene que irse al curro, que alguien tiene que poner pan encima de la mesa y pagar las facturas. Romántico, el chico. Y así, trescientos sesenta y cuatro días, hasta que vuelva a ser San Valentín.

Es cierto que la situación económica no invita a las alegrías, que son malos tiempos para la lírica, que dirían el grupo vigués “Golpes Bajos”, pero no es necesario arruinarse ni invertir docenas de horas para convertir cualquier día en una fecha especial: que cualquier día sea San… Hoy.

Casi cualquier idea es buena

El esfuerzo para sorprender a tu pareja cualquier día con un desayuno fenomenal se reduce a media horita de sueño: levantarse un poco antes y demostrar que no eres un inútil absoluto entre los fogones… O llamar a una empresa para que se encargue de ello.

Si a primera hora no sueles estar de humor para regalos o celebraciones, no te apures: el día tiene 24 horas y siempre habrá un momento para la sorpresa, para el gesto o el regalo inesperado: el ramo de flores en medio de su jornada laboral, el anillo de “te quiero y no me importa qué día dice el calendario que es”…

En fin, las ideas son tantas como se te ocurran. Y la bienvenida al regalo tan agradable como sorprendido se halle quien lo reciba. Cualquier día es bueno para un regalo. Que todo el año sea San Valentín. Y que trabaje ese angelote con su arco y sus flechas.

Soy Cupido… Y te odio

Hola. Soy Cupido. Y te odio. Ya te voy avisando un mes antes del catorce de febrero, para que lo vayas sabiendo. Que sí, que sí, que me ves muy sonriente con mis alitas y mi arco con flechas de punta de corazón… Pero odio mi trabajo y te detesto a ti.

¿Cómo te sentirías tú si fueras un amante del duce, pastelero, y no pudieras llevarte a la boca nada que contenga azúcar? Ahora entiendo la cara de amargados de algunos banqueros: todo el día contando billetes y no pueden quedarse con ninguno.

Pues eso me pasa a mí: todo el día flechita pa’rriba flechita pa’bajo, haciendo que Maripepi se enamore e Pepeluí… Y un servidor, a dos velas. Porque, por si no lo sabías, es muy difícil atravesarse a uno mismo disparándose una flecha con un arco.

Tengo frío hasta en la cuerda del arco

Además, ¿quién ha sido el imbécil que me ha vestido así? En pleno mes de febrero, y yo en pañales por la calle: tengo los pezoncillos que podría rayar un cristal blindado. Y tú, mientras tanto, hablándole a tu novia (borracho tenía que estar cuando te uní a un bombón como ella. De nada) del calor que te produce su presencia.

Al menos, y ya que me paso la noche de San Valentín (ése es otro del que tendríamos que hablar) más helado que el pomo de una puerta, podías hacer como cuando llegan los Reyes Magos y dejarme algo para entrar en calor, aunque sólo sea un carajillo de coñac del malo. A mí me da igual, siempre y cuando se me descongele el intestino delgado.

Quiero un pinchito de caso

Pero no… Te olvidas del angelote y te vas Fango, a Jachieme o a Heriberta’s Secret a comprarle un conjuntito para que lo luzca la noche en la que, oficialmente, todas las parejas se quieren un montón.

O te acercas por la joyería, a comprarle un anillo de latón, una cadena de cuero o un broche de plástico (el presupuesto da para lo que da), para decirle que vuestro amor será tan eterno como el diamante al que pretende imitar ese cristalito y que, en cuanto mejoren las cosas, le vas a comprar uno de verdad.

Pero lo que más me fastidia es veros a los dos, acaramelados, saboreando con cara de tontos una cena que te va a dejar endeudado hasta que vuestros hijos cumplan los sesenta, al calor de las velitas… Os veo dándoos el uno al otro cucharaditas del postre… Y, mientras, al angelito, que le vayan dando. Y sin cucharita.

Regalos de alta gama

Es verdad que aún estamos estrenando este nuevo año, pero el tiempo pasa muy rápido y dentro de poco nos llega el “Día de San Valentín” y tenemos que empezar a pensar en qué le regalaremos a ese ser tan especial que siempre hace que estemos viajando por la nubes.

Si no quieres regalarle lo de siempre como flores, bombones, corbatas, colonias, etc., te daré unos cuantos consejos, pero eso sí, prepara un presupuesto, la billetera y tiempo, posiblemente él o ella lo merezcan.

F.P. Journe Wrist Watch

Podemos pensar en porta-documentos, portafolios ataché, maletines, monederos, carteras, bolsos, todos de auténtica piel, puedes personalizarlos con sus iniciales o si deseas con su nombre completo, lo puedes conseguir en varios colores, tonalidades y formas. Siempre son útiles y versátiles.

Un clásico siempre a tiempo

Los relojes de pulsera, tanto para hombre como para mujer, llevan un glamour distintivo. Actualmente tienen detalles muy útiles, así como modernos en sus cierres o en sus pulseras, sin contar que su maquinaria debe ser la mejor. Con  un buen reloj quedarás muy bien.

Puedes buscar juegos de escritorio hechos en piel, en varias tonalidades. Estos juegos de escritorio constan de carpeta de sobremesa, porta calendario, cubilete para bolígrafos y agenda y también puedes personalizarlos.

Detalles elegantes

Los gemelos y pisa-corbatas no están pasados de moda, puedes encontrarlos en oro y plata o en otro material de tu elección y puedes personalizados: siempre será un detalle exquisito. Las plumas estilográficas y los bolígrafos son también detalles muy personales que dan un toque de distinción.

Si a tu chico o chica le gusta el camping, una canasta o set para picnic para un día de campo será fenomenal ya que llevan todos los utensilios incorporados vasos, platos, cubiertos, servilletas, etc., puedes encontrar varios tipos de maletines tanto en formas, diseño y materiales como mimbre, loneta, etc.

Antes muerta que sencilla

La cosmética de alta gama tanto para caballeros como para señoras es otro de los regalos que puedes ir mirando, la cosmetología para ambos sexos es muy amplia y variada para todo tipo de problemas (si los hay) y para todo tipo de soluciones.  Los puedes encontrar con bases vegetales, marinas, minerales, etc., para cada gusto.

Si piensas en joyas siempre quedaras más que bien, un juego de pendientes con su anillo y su colgante para ella o llaveros, anillos, pulseras o collares para él, en el material que quieras pero de buena calidad sea oro o plata.

Estas son algunas ideas que podrías pensar en regalar, todo dependerá del bolsillo de cada uno.  Felicidades.